jueves, 19 de abril de 2018

“Quique Hache. El caballo fantasma” un libro de Sergio Gómez


Alberto Larraguibel, en el caballo Huaso,logra récord de salto en equitación
Fotografía de autor desconocido, captada el 5 de febrero de 1949
fuente Wikipedia  


Gracias a la iniciativa, “Sociedad Protectora de Libros”, del Departamento de Cultura de la Ilustre Municipalidad de Quillota, ha llegado a nuestras  manos la novela, “Quique Hache.  El Caballo Fantasma” inspirada en el ya mítico caballo Huaso (1), quien en 1949 logra un salto que alcanza los 2,47 metros de altura,  obteniendo así un récord mundial.  Su autor Sergio Gómez (2), crea con esta hazaña, una historia para niños, a partir de los 12 años, llena de acción y con un atractivo misterio por resolver: ¿quién y por qué, se han robado los restos de este glorioso animal de su tumba? (3)

El relato salpicado de un humor inocente pero también con un toque de sarcasmo, aliviana todos los sinsabores y las riesgosas aventuras que su protagonista, el ya conocido detective quinceañero, Quique Hache, debe sortear para bien resolver este caso.

Los personajes están delineados desde una perspectiva que roza el realismo hasta una, propia de una mera ficción. Ya que, en esta  historia deambulan seres que viven en la pobreza más extrema de las poblaciones marginales de este país hasta agentes contratados que parecen sacados de una película de acción.

La trama de esta novela, se desarrolla tanto en la ciudad de Santiago como en las calles céntricas de Quillota, lugar que cobra especial relevancia para poder dilucidar el misterio.

En resumen, “Quique Hache, el caballo fantasma”, un libro escrito con una pluma ágil de un autor ya avezado en el oficio narrativo, lo que le permite entretejer, las historias de todos sus diversos personajes sin perder por un instante, el suspenso de la trama principal; logrando finalmente un todo de una frescura que hace sino incitar que este libro sea leído por los niños, de una sola vez.

Marcela Poblete Cruz


(1) El Caballo Huaso, primeramente bautizado con el nombre de Faithful, fue un caballo chileno de purasangre, que logró, montado por Alberto Larraguibel, el récord mundial de salto ecuestre en el año 1949 (Regimiento de Coraceros de Viña del Mar), con 2,47 m. de altura.

(2) Sergio Gómez, nacido en la década de los 60, estudió derecho y literatura en la Universidad de Concepción.  Autor de numerosos cuentos y novelas.  Entre sus novelas, se pueden destacar: “Vidas Ejemplares” (1996), “El labio inferior” (1998) y la serie literaria juvenil protagonizada por el detective adolescente, Quique Hache (1999).

(3) Si bien en la novela se menciona que los restos del Caballo Huaso, en el momento de su desaparición se encontraban en Santiago, en la realidad sus restos permanecen en el Regimiento Escolta Presidencial Nº1 "Granaderos", ubicado en Quillota, donde vivió después de obtener el récord hasta su muerte, ocurrida en el año 1961.


miércoles, 4 de abril de 2018

El petorquino José Manuel Borgoño



Un petorquino, amante de la historia de su ciudad y comuna, nos solicitó datos biográficos de uno de los hijos ilustres de Petorca don José Manuel Borgoño Núñez (1792-1849).  Para eso hemos consultado el libro titulado “Chacabuco y Vergara. Sino y camino del teniente general Rafael Maroto Yserns” (1981), fruto de la acuciosa investigación y de la amena pluma de Manuel Torres Marín, biógrafo también de los Nordenflycht.  Borgoño y Maroto fueron consuegros.  Veamos qué nos informa nuestro autor sobre el petorquino:

      El 14 de septiembre de 1838 designó el Presidente Joaquín Prieto un Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario para que se trasladara a España a negociar un pacto de paz, amistad y comercio.  Para esta misión fue escogido el General don José Manuel Borgoño; de quien también hay que decir una palabra ya que, aparte su elevada gestión, terminó emparentado con Maroto.

      Nacido en la villa de Petorca de Aconcagua en 1792, era uno de los cuatro hijos del español Francisco Antonio Borgoño y la chilena Carmen Núñez; e igual que Maroto, fue militar desde muy joven. A los 12 años de edad entró en calidad de cadete en el Batallón fijo de Concepción; y más tarde hizo estudios que lo calificaron en el arma de artillería.  Tuvo un actuación distinguida en el guerra de la independencia, sobre todo en la batalla de Maipú; y acompañó a la expedición al Perú, de donde ya lo vimos volver en 1821 portando las recuperadas banderas de Rancagua.  Poco más tarde, de regreso en el Perú, dio muestras de perspicacia en sus informes a O’Higgins.  Hacía ver la rápida descomposición de la situación peruana; señalaba la escasa gratitud que despertaban los ingentes sacrificios chilenos, y ponía en guardia contra las fantasías continentales de Bolívar.  Una, muy grave para nosotros, era la relativa al archipiélago de Chiloé, que, colocado por el Rey en 1769 en dependencia  directa del Virreinato del Perú, podía, a la luz del uti possidetis de 1810, quedar separado permanentemente de Chile por obra del nuevo ordenamiento que Bolívar se imaginaba estar creando.  Ello se conjuró con la campaña de 1825, en la que Borgoño participó como Jefe de Estado Mayor, y que culminó en la reincorporación de ese territorio a Chile.

      En 1814, Borgoño contrajo matrimonio en Talca con doña Mercedes Vergara viuda de Donoso, en quien tuvo ocho hijos.  El mayor, José Luis Borgoño Vergara, nacido en 1815, iba a ser el esposo de Margarita Maroto;  una hija, Julia, se casó en segundas nupcias y en románticas circunstancias con el futuro Almirante Patricio Lynch, que fue jefe de las fuerzas  chilenas de ocupación del Perú en 1881-1884, por lo cual se le ha denominado el último Virrey, y falleció, siendo Embajador en España, en 1886; y otra, Eugenia, desposada con Manuel Barros Arana, hermano del historiador, fue madre de Luis Barros Borgoño,  candidato a la Presidencia de la República en las bulladas elecciones de 1920, y Vicepresidente en 1925.

      La lenta y dificultosa terminación de la guerra carlista impidió dar efectividad inmediata a la misión chilena.  Fue sólo a fines de 1840 cuando el General Borgoño se embarcó para la Península.  Le acompañaban el Coronel José María de Sessé, como secretario, los adictos de Legación Adriano Borgoño, Patricio Larraín y Rafael Correa y Toro, y su ayudante el capitán Víctor Borgoño.  Adriano y Víctor Borgoño eran hijos del General.  Como un viaje a partes remotas en esos tiempos, sobre todo para personas entradas en años, podía ser sin retorno, el hijo mayor, José Luis, quedó en Chile con plenos poderes para administrar los bienes de la familia.

      El General Borgoño, acogido en España con la mayor deferencia, llegó a Madrid en mayo de 1841, y el 18 de junio fue recibido oficialmente por el Regente Espartero.  Las continuas perturbaciones políticas españolas hicieron que las negociaciones marcharan con ritmo pausado, si bien en un ambiente cordial.  Un primer resultado fue la completa libertad de navegación entre los dos países.  El 10 de octubre de ese año envió Borgoño al Ministro de Estado español copia de la ley chilena de 1839.  En respuesta, el Gobierno de España decretó el 4 de diciembre que “deseando corresponder con una muestra de perfecta reciprocidad a la ley de 9 de noviembre de 1839, las embarcaciones mercantes de Chile serán recibidas en los puertos españoles de la Península en iguales términos que las de las potencias neutrales”.

      En fin, el 25 de abril de 1844 quedó firmado el tratado de paz y amistad, por el cual España reconocía la independencia de Chile.  Fueron los signatarios el General Borgoño, en nombre de Chile, y don Luis González Bravo, a la sazón Presidente del Consejo de Ministros, por España; quienes, después de rubricado el documento, se abrazaron en un espontáneo gesto de simpatía.  Aprobado sin dificultades por el Congreso de Chile y por las Cortes españolas, el tratado se canjeó en Madrid el 27 de septiembre de 1845 y se promulgó el 1º de julio del año siguiente.

      Aparte su cometido oficial, llevaba don José Manuel Borgoño a Madrid encargos personales, los cuales, una vez más, iluminan las vinculaciones que, con o sin acuerdos diplomáticos, subsistían incólumes entre los dos países.  Era, por ejemplo, portador de cartas para el oficial español García de Haro (de quien se hará mención más adelante), no sólo de parte del hijo de éste, Antonio García Reyes, sino del General chileno don José Santiago Aldunate.  Amistado con García de Haro desde los tiempos de la guerra de la independencia, le pedía el General Aldunate que saludara a varios militares españoles, amigos suyos también, y manifestaba su pesar por el fallecimiento del General Loriga.

      Tampoco podía el diplomático chileno dejar de cultivar en Madrid relaciones personales; como las cultivó, por ejemplo, con el entonces Mariscal de Campo don Antonio Quintanilla, último gobernador español que fuera de Chiloé;  el cual “para su amigo el General Borgoño” escribió en 1843 sus “Apuntes sobre la guerra de Chile”, que se publicaron muy posteriormente en Santiago.  ¿Y quién podía tener mayor interés que Maroto por tratar a Borgoño?  Cierto que los dos no se conocían personalmente, y que veinte años antes habían militado en mesnadas opuestas; pero eso era ya historia antigua.  Lo principal era que Borgoño traía de Chile noticias frescas sobre varias personas y cosas que eran de gran importancia para el General español y su familia.  Y si los dos se vieron, también se verían los dos hijos de Borgoño con los hijos de Maroto, todos más o menos de la misma edad.  Más adelante se habrían de acendrar las simpatías que entonces se forjaron entre ellos.

      Una vez cumplida su misión diplomática, regresó a Chile el General Borgoño.  Aún alcanzó a desempeñar el Ministerio de la Guerra, y a ver estrecharse los lazos con la familia de Maroto, y falleció el 29 de marzo de 1849

El Liceo Municipal de Petorca lleva su nombre.

viernes, 16 de marzo de 2018

Una ciudad bonita situada en un valle ruiseño



 Quillota, á 21 leguas N. O. de Santiago, la capital, está á 12 N. E. de Valparaíso. Esa ciudad bastante bonita, larga y estrecha está situada en un valle mui risueño.

Produce en abundancia todo lo necesario para la vida; sus campos se ven sucesivamente cubiertos de cebada, maíz, avena, lino, cáñamo, viñas y otros frutos de Europa.

Los víveres son tan comunes que se dan ocho panes—pesa cada uno seis onzas—por la menor moneda de plata del país y que equivale á seis sueldos, tres denarios de Francia; por la misma suma se pueden obtener doce ó veinte huevos y también carne en proporción.

Observaré aquí, que ésta, siendo la menor moneda del lugar, es considerada en el mercado como un sueldo de Francia, más ó menos. La modicidad de ese precio da ocasión para que fácilmente se juzgue la abundancia de víveres en Quillota pues, en ninguno de Europa, ciertamente, se podría obtener la misma cantidad de víveres con suma tan pequeña.

Hay, igualmente, mucha leche con la que hacen un excelente queso de chanco, renombrado por su bondad y con el que se hace gran comercio: su forma es redonda y aplastada como el de Gruyere tan conocido en Francia, y el peso de cada queso es de ocho a treinta y dos libras. Dudo que en Europa se encuentre otro tan bueno.

Se fabrica buena tela de lino y cordeles con el cáñamo que ahí se cosecha, lo que produce grandes entradas á la ciudad por el extenso comercio que tiene con Lima para el uso de sus embarcaciones.

Son encantadores los contornos de la ciudad: llenos de jardines cultivados con arte y simetría; producen frutas tan buenas y tan grandes como en Santiago. La temperatura es la misma.

Como ya lo he dicho, la ciudad es estrecha; pero su largo es bastante espacioso para contener los ocho mil habitantes que encierra. Las casas, en jeneral, son bajas; es raro que tengan otros departamentos que un principal; no obstante su uniformidad, se las ve muy lindas y formar largas calles muy hermosas.

Los habitantes son afables y muy inclinados a las diversiones; aman mucho la música y tocan muy bien la guitarra, su instrumento favorito; también tienen pasión por la danza, que ejecutan con gracia y ligereza; pero tienen irresistible inclinación por la bebida.

Hé aquí su manera de bailar: aunque las mujeres son por naturaleza muy vivas, en la mayor parte de sus danzas llevan sus brazos pendientes ó plegados bajo el rebozo, que es una especie de manteleta. Al bailar el zapateo, una de las danzas más en uso, tienen los brazos levantados y golpean á menudo las manos como pasa en algunos bailes en Francia. El zapateo se baila con cambios de sitio, por decirlo así, y se sostienen en la punta de los pies y en los talones; parece que apenas se mueven, más bien se deslizan que tienen cadencia.

Hay, sin embargo, una danza muy animada y muy lasciva que se baila mucho y se llama lariate  nombre derivado ele los indios de la provincia: ha sido introducida por los negros de la Guinea y los españoles la bailan en casi todos sus establecimientos.

El gusto es tan vivo y original, que hasta los mismos niños la bailan apenas se pueden tener en pié.

Este baile tiene lugar al son de la guitarra y del canto.

Los hombres se colocan frente á frente de las mujeres y los espectadores forman un círculo alrededor de los bailadores y de los tocadores: uno de esos espectadores ó de los bailarines canta una canción cuyo estribillo es repetido y seguido de palmoteos de manos; los bailarines entonces con los brazos semi-levantados, saltan, giran, se mueven para atrás y para adelante, se aproximan á dos piés los unos de los otros y retroceden cadenciosamente hasta que el son del instrumento ó el tono de las voces les advierte que deben acercarse; entonces se golpean el vientre los unos á los otros, tres ó cuatro veces seguidas, y se alejan saltando, para hacer los mismos movimientos, con ademanes muy lascivos é indecentes regulados por el son de los instrumentos: de cuando en cuando entrelazan los brazos, dan varias vueltas, continuando en golpearse el vientre y dándose besos, pero sin perder la cadencia. Se asombrarían en Francia con un baile tan indecente; pero casi es común á todos los países de la América Meridional.

Diré también que en esos bailes es de regla beber vino, aguardiente ú otros licores y también fumar el cigarrillo


Viajes por el interior de la América Meridional. Julian Mellet. Imprenta y Encuadernación Universitaria. Santiago 1908. CAPITULO XV,  Quillota.—Baile del país.—Valparaíso.—Almendral. Traducido de la 2. a edición francesa de 1824.