lunes, 20 de febrero de 2017

Quillota: 10 de febrero de 1817


En la quinta de los Benavides, situada en paraje solitario, a la salida del pueblo por el camino de San Pedro, se fraguó el “audaz golpe de mano” patriota (10/02/1817) contra las autoridades realistas de la Villa de San Martín de la Concha. Encabezaron esta sublevación Juan Antonio Carrera (dueño de la hacienda de Viña del Mar), sus hijos Juan Nicolás, José María y Joaquín, los hermanos José Miguel y José María Benavides y dos hermanos González: uno de ellos Martín Silvestre, nació en La Calera (1793) y falleció el año 1876. También participó José Martín Rodríguez y Osorio, padre de don Zorobabel.

        Los patriotas vencieron, en el llano de Gallardo, a la guarnición, conformada por cien huasos de lanza, mandada por el alcalde Francisco de Paula Salamanca (español). Los Lanceros triplicaban en número a los sublevados.

        José Miguel de Benavides en carta a Bernardo O’Higgins del 22 de febrero de 1817 informa: «…, ya estrechado de las continuas amenazas de los tiranos de ésta (Quillota), me reuní con varios amigos y, con las pocas armas que teníamos ocultas, enarbolamos la bandera bicolor en esta plaza y proclamamos el sagrado nombre de la Patria, a cuya voz imperante huyeron despavoridos los enemigos de nuestra causa y los amigos se reunieron hasta en número de cuatrocientos hombres.


        Ya engrosada así la guerrilla me dirigí a Aconcagua, donde tuve la satisfacción de anunciar al Escmo. señor General en Jefe [San Martín] este resultado, y exigiendo alguna fuerza armada para volver a contener el ultraje de esta provincia. Y su excelencia me dispensó una pequeña división con la que me devolví a esta provincia, que ya encontré quieta…»

        O’Higgins contestó con fecha 24 de febrero de 1817 aprobando la actuación de los quillotanos.

        (Benavides volvió a Quillota el 15 de febrero y al día siguiente se dirigió a Valparaíso, dejando el mando interino a José Joaquín Larraín.)

        ¡La mayoría de los combatientes aludidos por Benavides iban armados de palos, horquetas, guadañas y calzados con ojotas!

        39 vecinos de Quillota enviaron una carta a O’Higgins, fechada el 28 de febrero del año 17, resaltando las virtudes morales, los sufrimientos durante la Reconquista española y la actuación en la sublevación del 10 de febrero del ciudadano José Miguel Benavides.

Consignaremos los nombres de algunos de estos quillotanos que han aparecido o aparecerán en otras de nuestras notas o en libros: Enrique Fulner, Juan Bautista y Martín Álvarez de Araya, José Martín Rodríguez Osorio, Dr. Juan Antonio de Carrera, José Tadeo y Lorenzo Urrutia, Joaquín y Francisco Javier de Dueñas, José Ramón Gac, Francisco Javier González, José María Ortiz de Zárate y Fray José Nicolás Flores (presidente), entre otros.

        « … los quillotanos dieron el grito de libertad el 10 de febrero de 1817, derrotaron la guarnición de Quillota compuesta de cien lanceros, i marcharon “en auxilio” de San Martín hasta Panquehue.» Con estas palabras Vicuña Mackenna sintetiza la única y admirable sublevación de 1817 en la villa (‘De Valparaíso a Santiago’).


Fuente: «Archivo O’Higgins: correspondencia a Quillota en febrero y marzo de 1817».


       

viernes, 17 de febrero de 2017

Después de Chacabuco


Batalla de Chacabuco. José Tomás Vandorse. Óleo sobre tela. Colección de Pintura y Estampas. Museo Histórico Nacional.

        ¿Qué sucedió en Santiago, Valparaíso y Quillota horas y días después de la batalla de Chacabuco (12 de febrero de 1817)? Para saberlo, recurrimos al tomo X de la «Historia general de Chile» de Diego Barros Arana (finales del siglo XIX).

        Al finalizar la batalla, Bernardo O’Higgins, “… pedía que se le diese el mando de un cuerpo de mil hombres de la división que no había entrado en batalla, comprometiéndose a caer rápidamente sobre Quillota y Valparaíso, sublevar esos distritos i cortar toda retirada a los fujitivos. San Martín, por un exceso de prudencia, no aprobó ese parecer…” (Aquí y más adelante respetamos la ortografía original). La decisión del argentino sigue originando polémicas.

        En Santiago, el triunfo patriota dio lugar a desórdenes: el populacho saqueó el palacio de los gobernadores y las casas de los españoles. El vecindario reacciona nombrando un gobernador local y restablece el orden.

        Las autoridades realistas de Valparaíso hicieron circular rumores falsos sobre éxitos militares españoles después de Chacabuco, pero “en la tarde del 12 de febrero llegaba allí una noticia que iba a desmentir esos rumores. El pueblo de Quillota, ajitado por la conmoción general en todo el país, había depuesto a las autoridades del distrito i pronunciándose en abierta sublevación. Inmediatamente, el gobernador de Valparaíso dictó las órdenes más premiosas para reprimir ese levantamiento. Organizó un cuerpo de doscientos milicianos de infantería i de caballería i de unos cuantos artilleros con un cañón, i dispuso que en la mañana siguiente marchase sobre Quillota bajo las órdenes del comandante José Rodríguez Ballesteros, que se hallaba accidentalmente en Valparaíso.

        Esa columna no alcanzó a ponerse en marcha. Antes de medio día del 13 de febrero comenzaron a llegar a Valparaíso grupos de soldados dispersos, que iban huyendo de Santiago o del mismo campo de batalla, i que contaban el desastre irreparable del ejército realista.”

        Al respecto, Barros Arana cita un libro en francés de un testigo presencial, el capitán Camille de Roquefevil:

        “Llegaban por bandadas, la mayor parte sin jefes y sin subordinación, adelantándose los oficiales a sus soldados. Cada cual trataba de embarcarse en los buques que había en el puerto, donde nada estaba dispuesto para la recepción de las tropas. El desorden había llegado a  su colmo.”

        Benjamín Vicuña Mackenna, en «De Valparaíso a Santiago» (1877), constata “que el pueblo de Quillota se levantó por la patria el 10 de febrero de 1817, dos días antes de la batalla de Chacabuco”. ¿Hubo dos sublevaciones de los Quillotanos?



viernes, 10 de febrero de 2017

Una misiva histórica


“Últimos momentos de Rancagua”, óleo sobre tela (1944). Pedro Subercaseaux (1880-1956)

Como un importante complemento a la nota alusiva a los dos bicentenarios, transcribimos la carta que el joven quillotano Ventura Laguna envió a José de San Martín, fechada el 13 de mayo de 1817 y publicada en el periódico “Viva la Patria: gaceta del Supremo Gobierno de Chile” (1) el 4 de junio del mismo año.

El texto lo hemos extraído de Ni patriotas ni realistas, Leonardo León. Páginas 333 y 334.

Excmo. Señor.

        De diez y ocho años que cuento, he servido 4 a la Patria cooperando a su sostén en cuanto ha estado en mis alcances. En clase de distinguido de granaderos milité en la desgraciada jornada de la reconquista de Talca, quedando prisionero hasta la paz con el general Gainza. En la gloriosa defensa de Rancagüa también serví sosteniendo los fuegos con los demás bravos defensores hasta la rendición de la plaza, siendo uno de los infelices que sufrieron los más atroces rigores del enemigo implacable que nos venció.

        A los cinco meses tuve el arbitrio de huir y esconderme en mi Patria Quillota, donde permanecí evitando la persecución con sagacidad; pero trabajé en instruirme de las disposiciones que tomaba el ejército restaurador de los Andes para redimirnos a la opresión, y de comunicarle por mi parte noticias de las fuerzas enemigas, Al efecto, de acuerdo con Traslaviña, Salinas y Regalado, me valí del pérfido y desnaturalizado sargento La Roza para que me diese una razón puntual de la fuerza de su cuerpo de húsares, mientras yo adquiría la de la guarnición de Valparaíso, y demás pueblos del Norte para remitirla a V.E. Habíamos adelantado bastante en este objeto interesante; pero La Roza nos vendió, y a consecuencia procediendo un juicio informe e ilegal, se ejecutó la pena capital de horca con un aparato cruel y propio de la ferocidad de nuestros enemigos en mis compañeros Salinas, Traslaviña y Regalado. Por mi menor de edad no les acompañé en el sacrificio; pero fui expuesto la vergüenza pública debajo de las tres horcas al tiempo de la ejecución de cada uno, y luego se me trasladó confinado por diez años a la Isla de Juan Fernández.

        Si mediante los heroicos esfuerzos de V.E. he merecido participar del inestimable beneficio de la Libertad que gozo, no puedo ser indiferente en la actual situación de la Patria, sino continuar sirviendo hasta que logremos destruir totalmente al enemigo, que aun pisa nuestro suelo. Con este fin, me presento a V.E. suplicándole se sirva de admitir la obligación que hago de mi persona para emplearla en el destino que considere útil e indicado al fin, bajo la protesta que hago de dedicar todo mi esmero a su más exacto desempeño”.



1 Sus ediciones junto a las del Semanario de Policía, Clamor de la Justicia y El Amigo de la Ilustración se encuentran en la compilación realizada por Guillermo Feliú Cruz (1900-1973) publicada por Imprenta Universitaria, Santiago,1951. NE.